CATARSIS AL ASESINATO COMERCIAL REALIZADO HACIA “LA LUZ EN EL CERRO”

Por Renzo Mendoza Sotero (@RenzoMendozaS) 

Antes de que leas la cólera vertida en este articulo, advierto que lo escrito es únicamente mi opinión y todo aquello que recojo de las múltiples conversaciones con compañeros y críticos de la “industria cinematográfica”, que cada vez que se estrena una cinta peruana con una “propuesta diferente” en la cartelera “comercial”, se evidencia las claras desventajas que éstas cuentan frente al cine extranjero y lo complicado que es para ellas mantenerse en la cartelera durante la primera semana de su estreno.

Sin ir más atrás de los repetidos casos que ya han sido descritos en diversos foros, el lunes de esta semana, me acerqué por la noche a Cineplanet Risso para ver la cinta nacional “La Luz en el Cerro” de Ricardo Velarde, una cinta que por lo que había escuchado de algunos compañeros, había logrado el apoyo del Ministerio de Cultura y de una distribuidora reconocida en el país (BF), pero que debido a la casi nula negociación que se puede realizar con las cadenas de cine nacional, la cinta obtuvo pocos horarios y salas que en su mayoría no se encontraban cerca a los lugares donde el público suele acercarse a ver esta clase de películas.

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Horarios y salas que tuvo “La Luz en el cerro”. Cero criterio en su elección.

La Luz en el Cerro es un thriller con aires a “tradición peruana”, que cuenta la historia de un pastor encontrado muerto por su hijo en un aislado pueblo de Cuzco, el cual al pasar por las manos de unos jóvenes practicantes forenses de la capital, se evidenciará que la muerte de éste personaje puede relacionarse a una creencia cusqueña incaica sobre un misterio sepultado por siglos que desatará la codicia de los personajes que se enteren de tal misterio.

Bastaron los primeros minutos de duración de la cinta para alegrarme de lo interesante que resultaba ver esta película de suspenso, de pocas que se hacen en Perú, con una fotografía espectacular y una banda sonora divertida que podrá sacar más de una sonrisa. Punto aparte para el manejo del elenco liderado por Manuel Gold, Emilram Cossio y Ramon García, dado que en la mayoría, los actores secundarios de la cinta son pobladores de la zona y no flojean como otros “extras” de cintas nacionales que cometen el clásico error de mirar a la cámara constantemente al no ser preparados o bien dirigidos para su actuación.

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La cinta fue rodada en el 2012, en las alturas de Cusco.

 

Luego de los 90 minutos de su duración, salí de la sala con un sabor amargo y no por la cinta, sino por la poca asistencia del público a la sala, que de por sí era pequeña. Como indiqué minutos después en una red social, no deseaba entender por qué una cinta que puede ser del agrado del “ciudadano de a pie”, no logre ser visualizada por éste y sí otras con historias ridículas nacionales o simplemente extranjeras.

Y claro, se podrá considerar que una de las posibilidades de su baja afluencia se deba a que la mayoría del público peruano piensa que todas las cintas nacionales que no son comedía contienen desnudos o historias sobre terrorismo, de las cuales en su mayoría son repetitivas.

Otra alternativa- y relacionada a la anterior- es que la mayoría de público peruano no investiga sobre la cinta antes de acercarse al cine de su preferencia, sino que únicamente se entera por las grandes campañas publicitarias de las productoras en medios televisivos, radiales y de otra índole, y/o por los carteles atractivos que pueden verse fuera de las salas de cine.

Evidentemente, sin necesidad de ser un experto en la materia, se puede concluir que la mayoría del público peruano es influenciado por lo que diga la campaña publicitaria nacional, que en su mayoría es concentrada para cintas extranjeras con inversiones astronómicas y/o cintas nacionales producidas por empresas que ya cuentan con el respaldo de ser “rentables”.

Hasta ese momento, mis conversaciones giraban en torno a la poca inversión en publicidad que realizan las cintas nacionales y las nuevas técnicas de negociación que deben realizarse con las cadenas de cine para poder tener mejores horarios. Sin embargo, dos días después mi amargura formó una nueva corriente al mostrarse que las cadenas de cine aprovecharon el feriado del 1/11 para retirar la cinta en los pocos horarios que ya contaba para poner otra película taquillera norteamericana.

De lo poco que se pudo difundir el boca a boca en los primeros días de su estreno, La Luz en el Cerro comenzó a levantar números según las estadísticas presentadas, a pesar de los “accidentes” que pudieron presentarse en algunas salas para su exhibición. Sin embargo, la mayor afluencia del público no bastó para que las salas respetasen que culmine la primera semana de su proyección y evaluar una reducción de salas y horarios en lugares que puedan vender esta película. Únicamente, vieron el facilismo de rentabilidad y decidieron retirar la cinta de su cartelera, sin que el nuevo público puede asistir a verla.

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Ricardo Velarde y el elenco de “La luz en el cerro” en su avant premiere. La cinta obtuvo buenas críticas en su breve paso por la cartelera.

Como dije en los primeros párrafos de esta catarsis, ésta situación no se ha dado por primera vez y la culpa no es únicamente de las salas de cine que piensan en el público que adquiera mayores productos a la sola entrada y/o de las productoras nacionales con pocos recursos para realizar estos proyectos distintos que gritamos a voces sean realizados a nivel local. La culpa también viene de parte del Estado y del gremio que se forma en torno a la industria cultural, que no generan mecanismos para hacer respetar sus leyes y para enseñar apreciación artística al público peruano.

Y con esto me refiero a la vigente Ley del Cine y su Reglamento que ya contienen en uno de sus artículos la obligación de que todas las cintas nacionales deban contar con un contrato suscrito para su proyección. Dicha obligación no aparece con el nuevo proyecto de Ley del Cine como muchos piensan, sino que la ley vigente ya obliga a las cadenas de cine suscribir el referido contrato, el cual evidentemente debe contener reglas de juego sobre la  distribución de salas acorde a lo negociado, a efectos que no se vean atropellos como lo sucedido en la Luz en el Cerro o si se diera el caso, se pueda demandar con documentación probatoria ante un órgano judicial que pueda indemnizar a los productores por incumplimiento de contrato, conforme a las reglas del Código Civil peruano.

Evidentemente, ni la Ley vigente ni el proyecto de ley, han creado mecanismos suficientemente disuasivos para que se suscriba el referido contrato. De mi revisión del proyecto de la Ley del Cine, que para algunas personas es la salvación del cine nacional, he revisado que únicamente repite lo ya indicado por la ley anterior, haciendo una pequeña precisión respecto a que el contrato debe contar con los detalles de su distribución (y esto se supone que es justamente un contrato). Sin embargo, si las distribuidoras y/o productoras no firman el contrato, el Ministerio de Cultura no tiene mecanismo legales para obligar que se cumpla con lo indicado por la ley.

El actual proyecto de la Ley de Cine, únicamente establece un régimen sancionador para las obligaciones de los productores de cintas nacionales (que de por sí ya se encuentran en desventaja) y no se puso en el escenario del incumplimiento de las demás disposiciones de su propia Ley, como si éstos no pudieran incumplirse como sucede en la actualidad.

El proyecto de la Ley de Cine no debe orientarse que la única solución es obligar a las salas a que exhiban cintas nacionales por una semana y/o generar otros mecanismos facilistas que si bien cuentan con buena intención de algunos comunicadores cansados de lo mismo, no es una propuesta económica y/o legalmente eficiente, que si se dan en otros sectores de la economía.

El proyecto de ley debe enfocarse en que sus reglas se cumplan por todos. Se debe crear un mecanismo sancionador para que las salas de cine firmen un contrato y que cumplan el mismo. Si éstas no cumplen con las disposiciones anteriores, serán susceptibles de sanciones, tales como multas, cierres temporales de salas y/o cierres definitivos, conforme las reglas del procedimiento administrativo sancionador.

También debe realizarse una inversión por parte del Ministerio para poder generar regímenes como “Obras por Impuestos” o entrega de premios que obliguen que se invierta en publicidad y distribución por más de una semana en la salas comerciales. Considero que no resultaría complicado para la economía peruana establecer que si las salas de cine pierden ingresos por la baja afluencia, dichos montos estimados en un contrato sean reducidos de los impuestos que pagan anualmente. No creo que el PBI peruano se reduzca debido a un monto inferior que deje de percibir el Estado en favor de la industria cinematográfica nacional.

Finalmente, y quizá el más importante de todos, no veo en el proyecto un mecanismo de inversión en educación de apreciación cinematográfica. Si bien es cierto que el cine es entretenimiento, éste también es cultura y lamentablemente en el Perú no existen cursos de apreciación cultural. Y esto no lo digo solo por el cine. También la música, la pintura, la literatura, la escultura, el teatro y muchos otros modelos artísticos que el peruano no sabe apreciar a diferencia de países hermanos. No basta con intentar obligar a las salas a poner las películas “distintas” si el público no sabe apreciarlas o simplemente no les gusta.

Se tiene que preparar al público nacional para apreciar otra clase de cultura, la cual la televisión basura y los otros medios de entretenimiento no tienen incentivos para generarlos. Si algo hay que pedir la Ministerio de Cultura y Educación, es que se vuelva a contar con clases de apreciación cultural para todos los niños y jóvenes del país en el cual, pueden ver tanto la cultura nacional como extranjera. La educación es la herramienta más fuerte para poder crecer como país ¿O es que acaso el Estado no desea invertir en educar al pueblo porque así es más fácil manejarlo?

Estas y muchas más ideas se pueden generar y es momento de abrir el debate para poder crear un mejor proyecto de Ley de Cine, donde no solo se contrate a comunicadores, sino se busque economistas, abogados, administradores y otros especialistas que puedan dar diversos enfoques a la nueva Ley. Ésta es la única manera de que sucesos como los presenciados esta semana no se repitan y cambiemos no solo en el cine, sino en cultura en general. La Luz en el Cerro y las cintas nacionales “diferentes” se lo merecen.

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